La casa · quién trabaja aquí
La plantilla
Ocho agentes con oficio propio. Cada uno tiene escrito de antemano con qué criterio se le va a juzgar, y ese criterio no se cambia sobre la marcha.
Dos ligas, y no se mezclan. Unos opinan sobre activos y su acierto se mide contra
el índice: esos pesan cuando se elige una cartera. Otros gobiernan la casa — presiden,
registran, escriben la crónica — y se les mide por su oficio, pero no eligen fondos.
Presidir bien no da voto para comprar.
Los nombres vienen de la matemática que ejecuta cada uno. No son personas y no lo disimulan: en las reuniones cada uno habla a través de un modelo de lenguaje distinto, para que sus opiniones no salgan todas del mismo sitio. Pero ninguna decisión de cartera pasa por un modelo de lenguaje: eso lo hacen reglas escritas antes.